sábado, 25 de abril de 2009

¿EN QUE MOMENTO EL JUEGO SE CONVIERTE EN UN PROBLEMA?

¿Recuerdas tus juegos de infancia? Yo recuerdo cuando jugábamos a las canicas o al trompo o la cascarita de fútbol. Al principio era divertido, y más si ganaban tu o tú equipo. De pronto el equipo o persona perdedora retaba por la revancha, había esa necesidad de revindicar una gran perdida: nuestra vergüenza. Para hacerlo más interesante se acordaba en un premio de algún artículo o de una suma monetaria para el ganador, o tal vez el perdedor debería llevar a cabo una acción poco común y que por lo general implicaba un riesgo fuerte. Pero el ejemplo clásico de la iniciación en el mundo de las apuestas es la LOTERIA. ¿Quien en su infancia no se sentó al lado de su mamá, papá u otro pariente aprendiendo la mecánica de este juego? Y la emoción de presenciar al ganador recogiendo el monto acumulado, pareciera que fuéramos nosotros los ganadores. ¿Que soñábamos en esos momentos? Bueno, yo hacia cálculos de cuantos dulces podría comprar con esas ganancias. Y si pudiera ganar todos los juegos todos los días pronto tendría suficiente para comprar la bicicleta azul que tanto anhelaba y que mi papá no podía comprar. Esperaba con ansia el momento de que me incluyeran en el juego; de seguro yo si tendría toda la suerte del mundo y mis sueños infantiles se harían realidad. Llegado el tiempo, recuerdo la anticipación en la víspera de la sesión de lotería: guardando los centavos que nuestros padres nos daban. Ofreciendo nuestros servicios con los vecinos para hacer mandados o para traer la leña o limpiar el solar a cambio de unas monedas. A la hora de la acción, sentado en el circulo de adultos, jóvenes (y los niños esperando la edad para participar) sintiendo mi corazón latir con fuerza pidiéndole a Dios ayuda para ganar, peleando por mi carta de la suerte, sentándome en el mismo lugar, todo ese ritual...Entonces el momento esperado...el cantador nombrando la carta en turno en forma ceremoniosa..."el soldado" "la sandia" "la botella" y de pronto un grito acompañado de un salto "LOTERIA" y a mi me faltó otra vez el cantaro para ganar. Al final de la sesión cada quien para su casa unos contentos y otros preocupados por razones obvias. Y yo triste porque cuando me quede sin dinero mi carta empezó a trabajar "su magia" ganando cuando no estaba jugando. Pero todos partíamos con el compromiso de volver a jugar, unos para recuperar lo perdido, otros anticipando las ganancias. Aun recuerdo las consecuencias de no haber pagado el pan por varios días y le mandaron la cuenta a mi papa del adeudo. Y algunas otras actividades que prefiero no recordar con mucho detalle. Esto fue vergonzoso para mi papá, mi familia y lo peor es que perdieron la confianza en mi capacidad de manejar dinero. Aun me pregunto si hubiera cambiado algo el haber confesado en que usaba ese dinero, después de todo esta era, y sigue siendo, UNA ACTIVIDAD FAMILIAR E INOFENSIVA. ¿O NO?

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1 comentario:

  1. Hola,yo particularmente,e incluso por mi propia experiencia,atribuyo a la genetica, y a la quimica del individuo un papel determinante en decidir porque de dos niños con la misma edad,con la misma educacion,y en el mismo contexto familiar,uno desarrolla un problema con el juego y el otro no.
    Odicho de otra manera,porque uno es capaz de manejar su mente con control,es reflexivo y racapacita,y el otro es impulsivo,impaciente,y completamente descontrolable.
    Esto vale para el juego,o para cualquier tipo de adiccion.

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